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blog (poesía)

El futuro tiene forma de huracán es un verso de uno de los poemas finales de La selva en que caí (Torremozas, 2007). Este blog nació, bajo otra dirección en 2009, con el objetivo de difundir la cultura en general y la poesía en particular, con especial interés en la creación de los más jóvenes y en la creación de las mujeres.

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Ya no escribo poemas: El día en que me hice una foto con Marina Abramovic.

Llego tarde a todas partes. Ya no me acordaba de las veces que no necesité mapas ni brújulas porque tú me llevabas a todas partes. Y ahora, de puro miedo, dejo a los desconocidos que me lleven por si alguno se apiada y antes me pregunta a dónde vas, a dónde quieres que te lleve. El problema es que ninguno sabe en realidad cuáles son los sitios que me gustan, los sitios lejanos en los que querría estar, las playas en las que todavía no me he descalzado, los museos de arte contemporáneo, esos que tanta pereza te daban a ti, esos que a mí me despiertan las ganas de desnudarme y tumbarme en el suelo en mitad de una sala mientras nadie dice nada, nada más que qué loca debe estar una mujer para hacer eso, aunque en realidad no importe, aunque una vez tuviera una revelación en una sala blanca y llena de gente entre la que estaba, dando vueltas, Marina Abramovic. Esto es un paréntesis: y pensar que ahí ya, que el día en que me hice una foto con Marina Abramovic ahí, ya, ya pasó, y yo no lo sabía, pero mírame la cara en la foto, mira mis ojos, mira qué tristeza, dime si no es verdad que mis ojos ya lo sabían todo en esa foto junto a Marina Abramovic, y mis manos, y mi estómago. Dime si yo no lo había ya adivinado todo. Cierro el paréntesis, total, qué más da. En realidad ya llegaba tarde antes, eso es lo de menos, el problema es que cada vez que salgo de casa y agarro el bolso se me mete en el bolsillo un buen puñado de nostalgia, y todo me pesa, el bolso, el bolsillo, la chaqueta. Odio la nostalgia, la odio porque siempre va conmigo, y yo lo que quiero es imaginarme en todos los sitios desconocidos en el futuro. ¿Pero cómo voy a llegar a todos esos lugares si yo no sé leer los mapas, si tampoco entendí nunca las brújulas ni los planos ni las señales de tráfico ni nada del tipo vaya usted por aquí o por allí o a la derecha? Ya no me acordaba. Eso en realidad es lo que quería decirte, que yo simulo que soy muy fuerte pero ya no me acordaba de que en alguna cosa, mi torpeza servía para algo, darse cuenta del sentido que tiene saberse inútil o torpe junto a alguien que sabe hacer todo eso mejor que tú. Ya no me acordaba, y no sé qué voy a hacer, porque en realidad no me veo intentando aprender a descifrar los mapas ni los planos ni los callejeros, porque no sé qué interés hay en realidad en eso, y tampoco me importa, porque sencillamente no tengo interés alguno. Lo peor de todo, es que me molesta que me agarre la nostalgia por culpa de los mapas, de las calles y de esta ciudad que no es ni siquiera mía. Porque, dime, desde cuándo Londres me trajo buena suerte. Desde nunca, y eso lo sabe bien B., porque ya aquí perdí el amor cuando era una adolescente grande. Ya lo perdí una vez, y hay que ser estúpida para venir a perderlo una segunda. En fin, quería decirte que odio la nostalgia, y también odio todos estos mapas que no me llevan a ninguna parte, y cuento los días para que de rabia, esta ciudad se desintegre y yo pueda vengarme. Últimamente pienso mucho en la venganza, y ando escribiendo poemas y eso no puede ser bueno. Espero no escribir nunca ese poema en el que querría vengarme y contarlo todo, espero por lo menos eso. Esto no es uno de esos poemas, claro, y mientras, sigo con los mapas, las cajas de la mudanza, la oficina y lloro, lloro mucho, porque ayer tuve que deshacerme de toda mi biblioteca. ¿Qué maldita cosa tienen dentro esos libros? Qué quieres que te diga, pero es lo único que ha seguido creciendo desde que trabajo, desde que vivo en el extranjero, es lo único que ha seguido estando ahí cuando murieron mis abuelos, cuando me amenazaron, cuando me quedé en paro, cuando estuve enferma. Y es lo único que sé que estará ahí cuando ni siquiera yo ya quede. Creo que esta nostalgia también es por mi biblioteca, y es absurdo, como ese motivo de los mapas, pero no tengo remedio, de hecho cada vez tengo menos remedio. No quiero en realidad saberlo, pero dime, ¿en esas discotecas y playas de Ibiza, ponen daiquiris gluten-free

Sara Herrera PeraltaComment