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blog (poesía)

El futuro tiene forma de huracán es un verso de uno de los poemas finales de La selva en que caí (Torremozas, 2007). Este blog nació, bajo otra dirección en 2009, con el objetivo de difundir la cultura en general y la poesía en particular, con especial interés en la creación de los más jóvenes y en la creación de las mujeres.

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En Bangkok las barcas van cargadas de mujeres conectadas a Facebook

No vine a buscar el desierto

ni vine a buscar el mar,

vine a buscarte a ti, que vuelas

como las bandadas de pájaros

en las ciudades donde las mujeres se desnudan

y gritan pidiendo ayuda sin saber que están

pidiendo ayuda.

No he venido hasta aquí

para vestirme con el traje de la enferma,

sé que mis muñecas se rompen

aún con las ráfagas y el miedo,

pero tengo la fuerza

de quien vino a vengar

el amor que dio a los ausentes.

En esta tempestad,

los coches y la leche,

amamantar en las barcas con motor

donde las mujeres se conectan a Facebook

camino de la casa

y se piensan modernas.

He visto a esas mujeres

y en Oriente las barcas

van cargadas de ellas.

Hacen la comida en cuclillas 

y te ofrecen noodles con soja

y te dicen cuántas veces

han sido ya madres.

Ellas te hablarán desde el abismo

y sabrán decirte en este idioma

cómo se dice te quiero al hombre

que en realidad aman.

He venido a mirarme en los espejos

y me he encontrado con las mujeres

que saludan diciéndome

tú, la europea, la de la piel blanca

y los ojos claros,

la de las uñas brillantes y las pulseras

de colores,

tú,

nunca entenderás 

que para amar hace falta

haber conocido el odio 

y haber temido a la muerte.

Tú, la europea,

destruyéndote con la prisa a ti misma,

maldiciendo al amor romántico,

creyéndote en peligro

donde te has imaginado

las fronteras.

Tú no conoces nada

del mundo y sus lenguajes.

Tú fuiste una mujer

que naciendo ya se hacía preguntas

pero aquí

confirmamos las preguntas,

pedimos al sol que cuide los rebaños

y conserve la siembra,

creemos en las manos de las madres

y, en el silencio, todas las mañanas,

hacemos de comer para los nuestros.

Venga la muerte cuando venga,

nos halle amamantando en las barcas

camino de las casas o en las casas

preparadas para la muerte,

aquí el cielo nos mantiene recordando

mientras nos quede la memoria.

En Bangkok el cielo lanza truenos

como látigos que alarman:

los coches se vuelven el río amenazante

frente a los centros comerciales.

Nadie sabe que en la ciudad

solo las mujeres cantan nanas

para despedir los días

en que los turistas vinieron

a hacerse selfies.

Gritaremos por vosotros,

dicen ellas,

el cielo se encargará del resto.

Hablaremos de caos

y para vivir

inventaremos ciudades 

en las que no entenderemos nada,

nada más que una vez amamos,

aunque ni siquiera hablemos del amor

de la misma forma.

 

Bangkok, Tailandia, 31 de julio de 2014.