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blog (poesía)

El futuro tiene forma de huracán es un verso de uno de los poemas finales de La selva en que caí (Torremozas, 2007). Este blog nació, bajo otra dirección en 2009, con el objetivo de difundir la cultura en general y la poesía en particular, con especial interés en la creación de los más jóvenes y en la creación de las mujeres.

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"Elogio de mi hermana", por Carmen G. de la Cueva

Esto es lo más hermoso que una va encontrando por el camino cuando escribe y cuando publica. Carmen G. de la Cueva escribió este texto para presentar mi obra hace unos días en el Ateneo de Jerez, y además de agradecida me siento afortunada. Ancho es el camino de las hermanas literarias, despejada la senda, el mundo es para los que sueñan, a pesar de todo lo demás.

Gracias, Carmen.

Elogio de mi hermana 

Mi hermana Sara escribe poemas y, probablemente, escribirá poemas durante toda su vida. Lo heredó de Rosalía, que escribía poemas desde los cuatro puntos cardinales. Mi hermana Sara escribe poemas desde siempre, de Wislawa Szymborska heredó la alegría de escribir, la necesidad de saciar su sed a orillas del agua escrita. Sobre sus dos piernas y con sus dos manos, Sara ha ido construyendo una fuerza hecha de versos en la que se refugiará siempre. Y nos podremos refugiar todos. Porque en sus poemas y su pecho hay lugar para todos nosotros, para todos vosotros.

La primera vez que conocí a mi hermana Sara, ella llevaba una corona de flores rojas y los dedos manchados de tinta. En muchas familias nadie escribe poemas, pero si uno de ellos empieza, suele sembrar el contagio. A veces la poesía cae en cascada sobre las generaciones y origina remolinos capaces de engullir sentimientos familiares. Eso fue exactamente lo que me pasó con Sara.

Yo la observaba en la distancia, asomándome a la ventana, viéndola reír, viajar, escribir, soñar, sufrir. Y así la fui queriendo. Y podía verla doblemente. Porque también estaban sus libros, sus cajones llenos de poemas y dibujos. Bajo el techo de mi hermana Sara me siento segura.

Ella siempre reclama la alegría como arma y sostén contra este mundo, contra esos tristes días en que está todo perdido y la vida que, a veces no nos pertenece, se precipita sobre nosotros y nos inunda. Si os perdéis bajo todo ese mar de lluvia, tened a mano siempre los versos de Sara porque son sus poemas el mejor mapa y manual de instrucciones para encontrar el camino hacia el hogar, hacia los suyos. 

Si digo todas esto, Sara, es porque siento la hermandad entre nosotras. Porque cuando hablas de tu abuela, de cómo no cesa en su empeño de saber por qué te vas, niña, tan lejos, y le preocupa que seas extranjera, que el viaje no sea duro, que los amigos te duren para siempre, puedo ver a mi propia abuela, que, igual que la tuya, cada vez que yo tenía que marcharme (tú lo sabes, Sara, yo también quiero una vida grande, cruzar fronteras, ser pájaro y profeta) me hacía la misma pregunta: ¿por qué te vas tan lejos? Y me hablaba de la guerra y de su padre que estuvo tantos años preso porque también quería otra vida más grande. Ahora que ella ya no está, consigo verla en tus poemas y me emociono. Yo también quisiera volver a ser niña como tú, para tener a mi abuela aquí conmigo, para que el dolor no fuera ni enfermedad ni enemigo. Porque tú y yo sabemos que el dolor se clava. Por eso sé que somos hermanas literarias, porque un hilo de versos nos mantiene unidas. Y no estamos solas. Con nosotras viaja la genealogía, la memoria, viajan también Simone, Louise y Frida y todas las mujeres que caen al suelo, chocan contra el suelo y se levantan como el pájaro libre que canta sin miedo.

Yo sé que los brazos vuelven a crecerte una y otra vez. Cada vez que vuelas y dejas aquí un trozo de tu cuerpo, un dedo, unas vísceras, una esquina de tu rostro. Cuando llegues a tu destino, cuando estés, de nuevo, lejos y eches de menos la mesa camilla de tu abuela, los ojos brillantes de tu padre, las manos de tu madre, yo sé que las dos mangas vacías de tu abrigo habrán vuelto a colmarse como ramas porque los brazos, vuelven a crecerte una y otra vez.

Ya lo sabes, hermana, te voy a comprar un cuaderno donde puedas desparramar tus versos. Un tocador con un espejo enmarcado para mirarte y ajustarte los ojos y la risa antes de salir al balcón a saludar a la vida. Te voy a llevar de la mano por los inviernos fríos en todas las ciudades que habites, para que no te sientas sola. Yo quiero hacerte versos, hacerte un poema como se sellan los pactos de amor, con todo el cuerpo.

 

Alcalá del Río, 28 de mayo de 2014

 

De Carmen G. de la Cueva. Los versos en cursiva son de mis hermanas poetas Wislawa Szymborska, Teresa Soto y Sara Herrera Peralta.