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blog (poesía)

El futuro tiene forma de huracán es un verso de uno de los poemas finales de La selva en que caí (Torremozas, 2007). Este blog nació, bajo otra dirección en 2009, con el objetivo de difundir la cultura en general y la poesía en particular, con especial interés en la creación de los más jóvenes y en la creación de las mujeres.

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"Sara Herrera Peralta es una de esas poetas del siglo XXI que ha sabido recoger de manera magistral el legado de la poesía del siglo XX" : la generosidad que nunca sabré agradecer a Elisa C. Zamora

    Creo que Sara Herrera Peralta luce con luz propia en el panorama de la poesía actual. Tiene la frescura de la juventud y la madurez que da la experiencia de  una decena de poemarios. Ha sido galardonada con varios premios de poesía y uno recién estrenado, el Premio Carmen Conde, que me ha alegrado especialmente, pues esta poeta cartagenera de mi región, Murcia, es una creadora que yo admiro desde mi época universitaria. Y he recordado unos versos del poema “Un mundo de fugitivos” de Carmen Conde que enmarcan muy bien  lo que yo deseo compartir con ustedes esta tarde,  sobre la poesía de esta poeta jerezana.

    Y uno tiene que ir, como van las corrientes

    por la tierra feraz: volviéndola más honda.

    Cuando Carmen Conde escribía estos versos ya tenía una clara conciencia de su actitud como poeta, su compromiso con la vida y con el lenguaje. Esa conciencia de trabajar la realidad con las palabras, de dialogar con la vida, es un hecho al  que se enfrenta todo ser humano que tiene el don de hacer poesía. 

    En este caso, creo que hay en ambas poetas, salvando las distancias temporales, un denominador común, cierta “sensibilidad apasionada” que no permanece ajena a los interrogantes de la vida y al dolor colectivo.

    Y por eso Sara, que siente amenazado el arte y  “el arte instintivo de decir quiénes somos”, rotunda afirma en su poema “[Quien no duerme por la noche]” de su libro Shock, 2011: “Yo vine para quedarme/ y voy a molestar lo máximo posible. Avanzamos, sí,  pero tenemos la conciencia de un mosquito”, 

 Este premio creo que es una de esas gratas coincidencias que a veces la literatura nos regala y por el que quiero felicitar a Sara Herrera Peralta.

    Sara, tiene una voz poética que, siguiendo con las imágenes del poema anterior, no “peligra”, pues ha construido un espacio poético en el que se mueve con comodidad, con un lenguaje propio, que amolda a sus necesidades vitales, porque es una laboriosa trabajadora de la palabra.  Conoce el secreto de su capacidad salvifica y así hace de la poesía un ancla en el mar tempestuoso de la existencia.  

    Hay en sus versos un anhelo por mostrar la vida sin dobleces, con la crudeza de los miedos, las frustraciones, pero también, entre palabra y palabra la vida se abre paso. Y ella transita por las aceras, los calendarios,  deshojando las horas, los recuerdos, las paradas de metro... con una mirada escrutadora, y nos muestra el mapa de sus sentimientos entre luces y sombras, a la vez que nos abre ventanas hacia un paisaje vedado para quienes no tienen la riqueza de su agudeza visual y sentimental.

    Sara Herrera Peralta es una de esas poetas del siglo XXI que ha sabido recoger  de manera magistral el legado de la poesía del siglo XX.  

    Sus obras están salpicadas, regadas por temas y tópicos de la poesía contemporánea. El legado de  la tradición aflora, los subtextos están ahí, no se esconden, pues sus lecturas nos llegan como ecos que nutren su quehacer poético, pero afloran de modo natural,  como en todo hecho cultural bien nutrido. En su poesía se confirma que el peso de la tradición cultural es indeleble y somos, aun sin pretenderlo hijos e hijas de ella. 

    Por eso cuando la leemos, evocamos la poesía de otras generaciones (la Generación de los 50, la de los 80...) 

    Como un mar de fondo,  notamos que en su obra hay algo del manifiesto La nueva sentimentalidad, que apareció en el diario El País en 1983 firmado por tres poetas granadinos: Álvaro Salvador, Luis García Montero, Javier Egea. Este grupo se decantaba frente a la poesía culturalista de los 70, por una poesía sencilla, con un léxico cercano y situaciones cotidianas, dando lugar a la denominada “poesía de la experiencia”. Recuerden Las coplas a la muerte de un colega, siguiendo de cerca el modelo de Jorge Manrique, pero desde el triunfo de la cotidianidad. Creo que esta es una tendencia que con fortaleza vertebra la poesía de Sara Herrera.

     Bastarán,  como pequeña muestra, unos versos de su libro Sin cobertura, 2010, en el poema “14:10”:

    "COMPRO los versos en el mercado

    y los mezclo con el brócoli

    y el ajonjolí.

    […]

    Mi mercado está en la tienda de la esquina.

    No tiene caja registradora. Soy un ticket

    sin IVA".

     Y por supuesto tiene mucho de la “poesía entrometida” (de poetas como Fernando Beltrán, Hacia una poesía entrometida, 1989),  pues Sara nos muestra en muchos de sus libros otra cara de la sociedad que palpita y siente, como Beltrán, nos muestra el hombre y la mujer de la calle, en un descenso casi inicático a la otra ciudad, menos luminosa, la que va y viene en trenes, o desciende hacia la viciada atmósfera del metro.

    En su libro Quien mira hacia abajo, pierde, como ha remarcado  Mariano Cruz, no olvida a los olvidados “adopta sus lengua como un abrazo en la derrota”. Aunque también tiene esa manera de recomponer la desesperanza o de curar la herida, que vemos en los versos de algunas poetas norteamericanas, como señala Elena Medel, e incluso aparece en sus versos la poesía como discusión, idea que defiende la autora cordobesa, que prologa su primer libro. En definitiva, Sara bebe de la tradición, pero sabe reinventarse a sí misma.

    También como ocurría a partir de la poesía de los años 60 (Novísimos) le hace un hueco al mundo del cine, con un libro en el que nacen a una nueva vida  no solo los actores Ingrid Bergman, Humphrey Bogart, sino también los personajes de la película Casablanca Sam, Ilsa Lund, espacios emblemáticos París  o el  Café Rick, como vemos en Mama era Ilsa Lund al principio de todo (2012); pero además el cine es algo más que un arte: puede dulcificar la vida.

"Mamá puso Casablanca

y supo interpretar

y recitar de memoria

y supo las mejores frases,

las muecas de Rick,

llorar como Ilsa, 

enamorase de nuevo.

 

Provocar un final:

nosotros sólo así podemos

dejar que pase, 

querer

que pase, 

dejar

intencionadamente 

que pase".

     Es la suya, una poesía que teje paisajes y crea mundos.  Hay cierto aire de poeta maldita, perdida, nunca mejor dicho en una selva (En la selva en que caí, 2007), pero para quien la escritura va a ser un ancla, un modo de liberarse a sí misma como en el poema  “Olvidados”: 

"Donde anida el silencio y la nada del hombre a la

deriva.

Donde vas o vienes sin premura.

Donde acaba el día cuando nunca amaneció

y los caballos cabalgan como la tormenta de nieve.

 

De las sílabas que arrancas. Cuando el sudor se con-
vierte

en tinta china

alguien dice

getting blue".

    A través de la  poesía Sara crea todo un mundo de seres, de perdedores y perdedoras, arraigando los fantasmas de su creación en la fértil tierra del antihéroe o la antiheroína de filiación quijostesca, fuente de la que no solo ha bebido la novela sino el cuento, el teatro, la poesía, el cómic, a partir del Romanticismo, (“Generus”):

 

[ …] "así nacen y mueren todas las noches

todos los huérfanos

de mis noticias

 

y de mis cómics

 

porque os invento personajes

para ser mis pobres locos

solitarios y mis

amantes"

...

"ésta es mi dicha y mi desdicha

Capitanes de nadie

y locos sueltos

en mi isla desierta "

    Además en toda su obra hallamos la herencia del existencialismo más puro, que se atrevió a manifestar en su escritura la angustia vital, pero también la denuncia de lo injusto. Así entre sus versos viven, crecen, se reproducen y mueren seres de carne y hueso, en un paisaje urbano, que va de Málaga a París y de ahí a Londres o a cualquier ciudad en las que la poeta ha vivido. 

    Pero no nos muestra el rostro más dulce de los espacios por los que pasa, antes bien su cosmopolitismo muestra  imágenes duras y lo hace, a veces, con una mirada objetiva, como también intentaba hacer el nouveau roman a mediados del siglo XX en la novela. Su mirada es una cámara. 

     Así asistimos a pequeñas estampas en su libro Quien mire  hacia abajo, pierde (2013) que tienen la originalidad de ser un viaje desde Orrylla-Ville-Coye a Melun, dos pueblos del extrarradio parisino. Pero este poemario es también la mirada de una extranjera sobre una “tierra prometida”, que deja fuera de sus mieles a seres que aspiran al centro  sin éxito, el centro de la ciudad como símbolo “de la felicidad”, pero que tienen que conformarse con las migajas de la periferia. Aunque nadie se escapa de la soledad y la muerte, como leemos en el poema “Yves Saint-Lourent” (Sock, 2011) y es que “Rodeado de musas, la vida se viste de payaso al final de los años”. 

Para los desheredados la felicidad es un anhelo frustrado:

    […] "Quien sube a estos vagones

    tiene otra forma  de vida

    improbable y cansada".

    Seres desvalidos que a Sara le sirven de espejo. Pues ya desde su primer poemario “La ciudad/ es siempre un barco a la deriva” (poema: “Las sombras”) y sus personajes náufragos del asfalto, que buscan la felicidad.

    Sara ha hecho del  arte de escribir su modus vivendi,  quiere nombrar el mundo y sabe que la vida es un viaje de “ida y vuelta”, título que elige para uno de sus libros (De ida y vuelta, 2009):

    "No importa el viaje.

    No importa el destino,

    tampoco su tiempo.

 

    Sólo queda el recorrido”.

     Reconocer las huellas de otras escrituras, en una en particular, lejos de menoscabar el valor de una obra, nos sitúa frente a una genealogía textual, que  nos es dada como herencia cultural. Y así, podemos ver con mayor nitidez la originalidad de cada creador o creadora. 

     La obra de Sara surge con voz propia y nos invita en su viaje, llamando la atención sobre su escritura, sobre la forma de su mensaje, a veces de aristas afiladas, otras con una ondulación, siempre agridulce, propia del optimista informado.

 

     Elisa Constanza Zamora Pérez (texto de la presentación en el recital del Ateneo de Jerez el pasado jueves 29 de mayo de 2014).