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blog (poesía)

El futuro tiene forma de huracán es un verso de uno de los poemas finales de La selva en que caí (Torremozas, 2007). Este blog nació, bajo otra dirección en 2009, con el objetivo de difundir la cultura en general y la poesía en particular, con especial interés en la creación de los más jóvenes y en la creación de las mujeres.

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Por qué me gusta que me pidan el DNI en Londres, de Facebook y de que ya sé lo que voy a pedirle al año 2014

Hay épocas y momentos y períodos, cosas de la edad. Me encanta Londres entre otros motivos porque cada vez que voy a comprar una botella de vino al supermercado me piden el DNI y tengo que responder oiga, mire, que tengo treinta y tres. Me gusta no porque vaya yo en contra de las arrugas, al contrario, quien me conoce sabe que me encantan esos rostros que llevan la vida marcada en la tez. No soy fan de las cremas antiarrugas ni de las de ningún tipo. Maquillaje uso poco, algo de colorcito para darle alegría a esta cara en esos días en los que parece que no hubiese una dormido ni dos horas. Pero poco más. Nunca he entendido esas tiendas de uñas postizas que ahora aparecen por todas las ciudades. Tampoco he sabido nunca llevar tacones. Cuando me pongo un par de muy tarde en tarde parezco siempre un pato mareado. Pero me pinto las uñas de rojo o de rosa fucsia y me visto con mil colores, peguen o no peguen, cuando me viene en gana. Me invento cosas para el pelo y me divierten zapatos que algunos llamarían horteras. Y decía que me gusta que me pidan el DNI, a estas alturas, porque es una ironía, como algunas otras, y me encantan las ironías de la vida.

Cuando me piensan joven me acuerdo de aquellos que me preguntan cuándo me voy a casar o cuándo toca el bebé porque ya se me va pasando el arroz. Y me acuerdo de ellos y sonrío, porque viene a ser como una venganza. No sé si algún día me casaré y no sé si algún día tendré hijos, lo único que sé es que estoy harta de esas preguntas cuando me las hacen, sobre todo porque no suelen hacérselas a mi novio. Y estaré más harta todavía si algún día me caso o tengo hijos y alguien piensa anda, mira, la que decía que estaba harta, otra que cayó. Y me malinterpretarán, porque sé que lo harán, me malinterpretarán.

Estoy cada vez más harta porque ahora que parece que retrocedemos en todo o casi todo lo que habíamos avanzado, se empeñan en hacernos creer que no somos nosotras las dueñas de nuestros cuerpos. De quién querrán que sean. También escucho a menudo has engordado unos kilitos, y entonces, además de darme más ganas de comer, me miro la tripa, una barriga que se ha pasado toda la vida hinchada, y ahora tiene un diagnóstico de enfermedad celíaca (no hablo ya de hormonas).

Nos empeñamos en ser un coñazo. Las personas somos así y a cada uno de nosotros nos da por una cosa, pero cuando se pasa del ser insoportable a ser un intransigente o un malvado, la cosa cambia. Fíjense que me he acordado de esta lista de cosas con las que una tiene que pelearse a diario con mis actualizaciones de Facebook. Me he acordado de esta lista de palabras porque cuando he querido darme cuenta, a la derecha de mi pantalla de inicio había una lista de anuncios publicitarios que me han hecho cabrearme. Y, como no sirve de nada que me cabree con una pantalla, me pregunto si no habrá que reflexionar. Facebook siempre me pareció una plataforma buenísima para compartir, información y eventos personales. Mi Facebook está lleno de fotos que cualquiera llamaría privadas (claro que una vez que están en Facebook todo deja de ser privado). En mi muro digo de todo, tonterías y cosas serias, y sin embargo últimamente tengo la sensación de que en Facebook se comparte cada vez menos y lo que más se hace es alimentar el ego, el mío el primero, pues utilizo Facebook también para la promoción de mis libros y para anunciar los recitales o encuentros a los que voy.




Ya estamos como siempre. ¿Qué es primero? Una persona que publica libros no debería renunciar a una red social como esa si no quiere enfadar a sus editores. Tampoco debería hacerlo si quiere interactuar con sus lectores. Sin embargo, existiendo un blog o una web, ¿de qué nos sirve ya una red como Facebook? ¿Y si es una trampa más como toda adicción? Porque yo no sé ustedes, pero yo soy adicta a Facebook y a las redes y a Internet y suelo llevarme bien con las adicciones. He ahí la otra cuestión. ¿Y si es una trampa? ¿No sería mejor reírse también de todos los que piensan que nunca podré desengancharme y mandar a freír espárragos todos esos anuncios publicitarios de la gran red social? Qué idílico sería volver a las cartas de papel y al cartero, a pesar de su irregularidad, con los amigos, y al e-mail con los más serios. ¿No será ésa la buena forma de administrar mejor el tiempo? Porque de eso es de lo único de lo que estoy convencida, de que el oro es hoy el tiempo de cada uno de nuestros días, y hay días que pasan como si los hubiésemos perdido enteros.



A 2014 le voy a pedir fuerza de voluntad y desconexión, porque de aquí a entonces voy a darle unas cuentas vueltas a algunas cosas. No se rían los más cercanos: tampoco nadie creía que dejaría de fumar cuando fumaba dos paquetes diarios y hace cinco años que ya no fumo. Ya saben, aquello de que quien avisa no es traidor, por si un día al poner mi nombre en el buscador les sale un mensaje que dice "Lo sentimos, esta página no está ya disponible".


"y eso"sara1 Comment